Era una tarde de esas en las que me gusta ser una brisa susurrante entre las hojas de los arboles, el cielo empezaba a tornarse naranja, las escasas nubes creaban un paisaje pintado sobre lienzo azul con yeso pastel, los rayos las tornaban rosa granito, un pájaro voló en dirección al mar y fue ahí donde lo sentí, era un chico alto presenciando la puesta de sol, su mano izquierda sostenía un bastón y la derecha la apoyaba en el barandal del muelle. Sus manos eran blancas, delgadas; llevaba puestos lentes de sol y de pronto susurró "para mí siempre es de noche".
Un sonido de un tick-tick lo desvió de sus pensamientos, otro chico se había acercado, sumergido en su celular ni siquiera se había percatado del chico de gafas oscuras; el chico del celular soltó una risa nerviosa.
"Cada sol tiene su ocaso." dijo el chico del bastón, pensando que el otro chico había sentido lo mismo al sentir los últimos rayos del sol en su rostro; el chico levantó la mirada de su celular buscando a quien había hablado, sus ojos expresaban admiración al encontrarse al lado de alguien de quien hasta ese momento no se había percatado, entonces volvió su mirada al horizonte donde los colores habían cambiado y los naranjas y rojos se mezclaban como metal fundiendose entre llamas.
Tuvo una sensación que lo hizo guardar su celular, lo pude sentir en el leve estremecer de su piel, suspiró y su respiración se hizo más consciente.
"El rojo es sagrado y ese color naranja del sol purificador." Su aliento era una delicia, me hizo soplar más fuerte, más fresco, el chico de gafas también lo sintió y le contestó: "Cuéntame cómo va cayendo el sol".
El chico del celular se acercó más al otro.
En ese instante se detuvo el tiempo y era como si el universo volviera a nacer, la inmensidad de mi ser los rodeaba y el cielo esperaba escuchar una historia la galaxia se estremeció y el chico del celular habló:
-Quisiera decir que es cómo volver a nacer, pero no recuerdo ese sentimiento. Es como cuando despertás una madrugada en la que no has soñado o no recordas y esta esa sensación de existencia pura donde nada te molesta, justo antes de recordar por qué te despertaste. El calor del sol es acogedor, es como si una fuerza extraña nos abrazara y estuviera feliz por nosotros, me siento seguro como si nada pudiera dañarme, como si todo pudiera terminar en este momento y yo estaría feliz, te siento, como si te conociera de un lugar lejano al que solo recuerdo por el grato sentimiento de haber existido allí, es cómo si pudiera volar...
El chico de las gafas sonrió y dijo:
-Pensé que me contarías los colores, la posición de las nubes y el viento meciendo a los arboles, que bueno que no fue así, no podría haber imaginado los colores pero si puedo sentir, toda mi vida he vivido en otro mundo -el chico bajó la voz y repitió- "para mi siempre es de noche" -el chico del celular lo miró aun sin comprender- pero puedo sentir el acogedor abrazo de esa existencia inexplicable que me estremece al grado de sentir que estoy despegado del suelo y a vos te siento porque tu voz se convirtió en mis ojos, tu aroma rodea toda mi piel y, al menos, en este momento tu alma brilla con más fuerza que un millón de soles en mi eterna oscuridad.
Ya la noche había caído, la luz del sol era solo un hilo en el horizonte, me sentía más consciente, sentía más pureza, como si algo se hubiera reparado; las estrellas ya estaban en el cielo, y entonces el chico de gafas murmuró "Hace frío, es tarde." inseguro vio al otro chico, vacilando se acercó a él pero luego se alejó, dijo 'adiós" a nadie en específico dejando su aliento y su aroma bailando en el aire, no volvió a sacar su celular hasta que ya estaba bastante lejos, cuando el aroma se hubo esparcido sentí un gran vacío, me sentí una cosa incompleta, el corazón del chico que se quedó latía tan fuerte que sus vibraciones se sumergían en mi ser, angustiantes, "de seguro hay alguien que te espera" dijo, "me hiciste asomarme a la vida, que suerte ser la mitad de un cuento en el atardecer, que lástima que el tiempo se nos fue, ¿volverás para contarme cómo muere el día?, que tonto no me presenté, creo que sólo fui testigo..." y de pronto hablé:
-¿Era bello verdad?
Él se quedó callado, atónito, su respiración se hizo lenta y cautelosa, al parecer no sabía que hacer, no había sentido acercarse a nadie, entonces le acaricié la mejilla y le toqué el corazón para tranquilizarlo.
-Como perderse en la noche y saber que el cielo tiene su nombre.
Alargó su bastón y se fue dando golpecitos al suelo...